Pensar lo artístico

 

I     

Una bomba explotó en el siglo XX y aún no notamos las esquirlas clavadas en el vientre. El Hombre explotó. Y junto con él, las esferas que lo constituían: la Historia, la Política, el Arte. No es casual que al mismo tiempo que la imaginación tomaba el poder, Guy Debord denunciara La Sociedad del Espectáculo que se venía gestando con vistas de desarrollo infinito basada en la separación sujeto-objeto. Diezmados y a los tumbos avanzan los artistas, los políticos, los intelectuales, aún conscientes del derrumbe no pueden más que armar simulacros de Política, simulacros de Arte, simulacros del Hombre, a través de la herramienta ideal de los simulacros: le spectacle. La pregunta es, pues, ¿cómo o por qué, caído el sentido del Hombre buscamos recomponerlo, y por añadidura, sus esferas? Nunca terminamos de estar seguros de qué quiere decir esto, porque lo enunciamos, lo pensamos, lo sentimos, y aún así hay algo que no terminamos de abandonar de esta forma. Y si algo persiste, algo vive, y la vida debe ser escuchada, gestionada.

II

El Arte, la Política, la Historia, todos los claustros han cerrado sus puertas, o, en realidad, estas mismas puertas que los contenían se han abierto y se han volado, lanzados al desierto. Lo cual sólo quiere decir que lo que no tiene tierra estará desprovisto de sentido en tanto no sea reterritorializado, y si lo es, lo será en un lugar nunca antes habitado: anábasis de las artes (ya no habrá regreso a la patria). ¿Es posible construir un territorio y apropiarse de lo vagabundo, las artes errantes, y gestionarlas? Ya no habría lugar para el Arte o la Política sino para lo artístico o lo político. Sería el sueño que no pudo soñar Debord: las disciplinas disueltas entre las prácticas, constitutivas y recíprocas, inseparables -conjuración del consumo y el espectáculo-. Y en este sueño se abren no sólo las esferas mencionadas, sino una infinitud de relaciones nuevas para así vincularnos con lo que nos era inaprehensible. Lo femenino, lo circular, lo colectivo, lo oscuro, lo cualquiera, lo informático, lo espiritual, lo musical, lo acuático, lo molecular… Siempre existirá la tensión de que lo musical se nos vuelva Música, que lo femenino Mujer, será la tarea de insistir una y otra vez y conjurar la separación, la trascendencia, los objetos de estudio.

De todos modos, esto conlleva una responsabilidad mayor que antes para mantener el sentido, los puntos conectados, ya que no hay marco regulador en el cual inscribirse. La existencia actual conlleva mucha más gravedad en cierto modo –el pueblo nómada es más autoconsciente de sí mismo que el gregario-; su alegría será más grave también. Es menester una construcción conectiva, estar siempre atentos a de qué manera nuestras prácticas generan efectos en los estratos aledaños. De qué modo se expresa el pensamiento en sus distintas relaciones. No es tanto ser cuidadores o guardianes del sentido sino lectores de las circulaciones del deseo y afectos, cuándo es adecuado intervenir y cuándo aguardar para forzar una torcedura o un pliegue.

III

Tenemos el modelo visual incorporado al alma, nos generamos la ilusión de que podemos alcanzar los objetos a distancia, que podemos vincularnos, ser afectados, sin estar en el mismo campo que eso que pasa allá. Falso sin dudas, la luz ingresa en, nuestros ojos, pero la mentira se mantiene. Aboguemos entonces por construir más que objetos visuales, objetos táctiles, que vuelvan innegable que conocer, que entrar en relación es estar pasando junto a los objetos, y así disolverlos, convertirlos en herramientas, armas, ilegibles sin una codificación que los signifique, que los agarre, los rompa, los mueva, los abra… “No tenemos con qué leer un instrumento técnico sin el socius que lo utiliza”.

 

Recuperando

Intentaremos, a partir de algunos ejemplos musicales y cinematográficos pensar posibles indicios de hacia dónde puede orientarse el gesto artístico que deje de cerrarse sobre sí mismo y constituya lo que en este caso vamos a denominar ambiente, que por lo menos habilite, vuelva posibles otras significaciones, otros sentidos, otros mundos, que puedan recomponer quienes entren en relación.

Podemos observar en las obras a recuperar dos métodos; más bien dos caras de un mismo movimiento para lograr un efecto ambiental. En Playtime (1967) podemos ver en muchos pasajes la pantalla atiborrada de acciones, sobresaturada de sentidos posibles que desorganizan la mirada, el ojo pierde su paz y fuerza a quien mira a seccionar, recortar y crear su propia línea narrativa “dejando afuera” otras, inevitablemente. Jacques Tati introduce aquí una confusión tal que introyecta hacía la imagen la conciencia del observador y hace descender al espectador en habitante.[1]

Por otro lado, se puede apreciar en la música ambiental de Brian Eno[2] o en incipiencia en el krautrock alemán[3], un borroneo de la acción, de la narrativa. ¿Y la canción dónde está? Aquí nos encontramos con una difusión, que en este caso extroyecta al oyente, lo hace dar cuenta de algo más. Una vez que la música dispone un umbral común -grado cero-, la conciencia salta y pasa a estar (¿qué es la música lounge sino eso mismo?). En el cine de Tarkovski podemos encontrar esto en sus famosas tomas largas en las cuales la narración se distiende (sin nunca detenerse) y la conciencia, al no tener punto en cual fijarse, salta hacia la reflexión de sí misma y hace-forma, constituye el punto de fijación del ojo detrás de él.

Tanto en Tati como en Eno lo que atraviesa a sus obras es un rumor narrativo, sin este concretarse ni extinguirse por completo nunca. Sus obras susurran “no me mires”, se mantiene una tensión permanente. La música ambiental está siempre cayendo fuera del tiempo, coqueteando con el silencio; la confusión tatiana siempre concretándose en cuadro pictórico. Va fundiéndose la relación figura-fondo en ambos casos. Monsieur Hulot se dispersa entre la multitud, lo podemos ver por aquí, por allá, sin nunca poder inferirle una interioridad ni significaciones para constituirlo como figura – es más bien un caracter – ¿signo en vez de símbolo?. Lo mismo puede aplicarse a las melodías de Eno, o la guitarra de Robert Fripp en sus colaboraciones. El efecto aquí se genera por pensar desde la narración y cómo escapar a la misma (Eno proviene del glam rock; los movimientos de los 90’ de la militancia…). Las preguntas fueron, en este orden, ¿dónde estamos o qué traemos? Y ¿cómo se abre esto hacia otros rumbos? No reniegan de su pasado, lo asumen y construyen a partir de allí: único modo. En otro caso imaginario, ficticio, huir despavorido hacia la pintura o hacia el silencio no abriría un acontecimiento posible. Sería una simple reclusión: “no puedo más” -¿el cine de Debord?-.

IV

Podremos seguir hablando del arte en tanto este sea reconfigurado, inserto en gestiones que vuelvan el gesto artístico digno de ser valorado. En otras palabras, en tanto el arte deje de ser arte (pues ya dejó de serlo) para convertirse en algo más. Aunque suene vieja esta declaración, sigue siendo novedosa. El objeto-arte supuso siempre como complemento al sujeto-hombre, compartían un logos, una misma realidad garantizada en última (o primera) instancia por el Estado. El sujeto tenía todas las herramientas a su disposición para significar, interpretar, generar efectos en su sensibilidad. Una vez desmoronado este logos, la Forma Hombre, ambas lógicas tanto desde la obra como desde el individuo quedan obsoletas. Un arte que busque repartir sentido a sus sujetos se encontrará con consumidores, y un “sujeto” que busque cambiar su experiencia vital a partir del arte estará más cerca de ser el lector de los 1001 libros que hay que leer antes de morir. Y sin dudas su experiencia vital habrá cambiado, ahora su sentido será completar este álbum de figuritas durante 80 años.

V

¿Por qué insistimos con el arte entonces? Porque nos incumbe. Nos es evidente que venimos del Arte, como venimos del Hombre (siguen resonando las esquirlas) y no podemos más que hacernos cargo. Incansablemente buscaremos nuevos modos, nuevos caminos, más nunca negando lo que hay. Y lo que hay son inclinaciones vitales que aún nos dicen que hay potencia en los efectos artísticos, filosóficos, científicos. Recuperamos un gesto artístico para problematizarlo, condicionarlo. Y lo hacemos porque nos hemos encontrado con algo que se acerca a nuestra realidad, que ayuda a pensar algunas cosas, extraer algún afecto y continuar nuestro camino. Si una obra trabaja el ambiente, por ejemplo, nos incumbirá. Sólo para dar cuenta de una instancia primaria y anterior a lo artístico: lo organizado. Si podemos pensar un trabajo artístico es menos por una cualidad óntica del mismo que por el recuerdo de nuestro propio pensar. Diremos plano de inmanencia, y es inevitable que así sea. El trabajo activo de cara a la existencia más que a una emancipación se debe a un arraigo profundo. Si logramos extraer un afecto y mantenerlo en la sensibilidad, es porque resuena en una red, y se mantendrá siempre y cuando continúe resonando. Sin plano no hay continuación posible, la extinción es instantánea: consumo (perspectiva sin raíces; afirmación pura de la forma vacía). La respuesta a la pregunta “¿desde dónde?” suele echar luz sobre el eje o no-eje de esta valoración.


Dos continuaciones, dos líneas paralelas se nos abren…

VI

Lo ya dicho: del lado de la producción artística, será iluso intentar significar, es más digno de su tiempo constituir un espacio para habitar, una lógica propia, ni indeterminada (forma vacía) ni determinada (significado), más bien determinable: dejar la puerta abierta para quien desee pasar por allí. Del lado del consumo,  si no nos resulta del todo placentera la instancia del consumidor, habrá que constituir nuevos individuos a raíz de nuevas relaciones.

VI

Lo propio de la velocidad del mercado es tomarlo todo, no conoce la resistencia, la desconoce. Eno puede sonar en los shoppings y Playtime proyectarse como decoración de bar nocturno, poco importa. El capital apropiará a su modo: metamorfoseando todo en sus términos. Otros muchos lo harán pensando. Distintas apropiaciones determinan la materia con tal distancia que nos permitimos dudar que se trate de la misma materia, hasta del mismo mundo.

 

En proceso…

 

 

[1] Es muy interesante la filmografía entera de Jacques Tati como una progresión en el desmoronamiento de la narración en busca de nuevos elementos como la arquitectura o la disposición de los cuerpos. Sumado a su increíble lectura (casi profética) a cada época en la que lanzó cada película. Estas son Jour de Fete (1947); Les Vacances de Monsieur Hulot (1953); Mon Oncle (1958); Playtime (1967).

[2] Toda la discografía de Eno ejemplifica esto, pero en particular se pueden destacar Discreet Music (1975); con R. Fripp: Evening Star (1975); Ambient 1: Music for Airports (1978); Ambient 2: The Plateaux of Mirror (1980); Thursday Afternoon (1985); por citar algunos.

[3] En particular los discos Neu! (1972) y Musik von Harmonia (1974).