Bifo – En el dominio de lo irreversible

En el dominio de lo irreversible

Franco Berardi “Bifo”

Sbancor habla de insurrección, pero quizá hayamos entrado en el dominio de lo irreversible. La sustracción de los cuerpos como única insurrección posible. Escrito extraido de rekombinant (2003). Traducción de Universidad Nómada.

Que quede claro. No planteo ninguna duda con respecto a lo que afirma Sbancor: las fuerzas que gobiernan Italia no tienen ninguna base de legitimidad, y creo que se puede decir lo mismo de Estados Unidos. En este sentido, la insurrección contra estos poderes es legítima, según el pensamiento liberal, del que la constitución estadounidense es un ejemplo fundamental. De acuerdo. Sin embargo, la cuestión no es ésta en absoluto. Que el poder de Berlusconi, basado en la apropiación mafioso-previtica (bonito adjetivo, ¿no?) del sistema comunicativo sea ilegítimo, lo sabemos desde el primer momento. Como sabemos desde el primer momento que el poder de Bush es ilegítimo, basado en una estafa electoral demostrada. El problema no es: ¿es legítima la insurrección? El problema es: ¿por qué no hay ninguna insurrección?

En los últimos años hemos asistido a la formación de algo que hemos llamado “movimiento”. Las grandes manifestaciones internacionales han acelerado la crisis de la ideología neoliberal, que depende sobre todo de un hundimiento de la tasa de ganancia en los sectores innovadores, del agotamiento de la demanda y de otros factores económicos. Además, el movimiento iniciado en Seattle ha puesto en marcha un proceso de autoorganización del trabajo cognitivo, que constituye -éste- la verdadera novedad política de nuestro tiempo. Luego, desde la primavera de 2000 y con mayor dramatismo a partir del 11 de septiembre de 2001, el globalismo capitalista ha entrado en una crisis profunda, de tal forma que el liberalismo temperado de la era clintoniana ha dado paso a una forma de agresividad nacional-liberal que se expresa en forma de guerra devastadora, sin límites de tiempo ni espacio.

La cancelación de la democracia es un hecho al que nos acostumbramos rápidamente, tan es así que todo el mundo sabe -y todo el mundo lo acepta ya tranquilamente- que las reglas de la democracia han sido canceladas. Y no creo que haya ninguna insurrección para la restauración de la democracia, como mucho habrá girotondi [corros]. Lo que en el último año nos ha hecho esperar un movimiento de masas no es la crisis de la democracia, sino el ataque feroz contra las condiciones salariales y de supervivencia. Sin embargo, a partir de un cierto momento se ha empezado a tener la sensación (que espero que se vea desmentida por los acontecimientos venideros) de que ya no existen energías sociales capaces de romper los equilibrios de poder. Hay un movimiento de testimonio, hay un proceso de recomposición de la inteligencia colectiva, pero no hay capacidad para trasladar al movimiento de la esfera de la demostración a la esfera de la vida cotidiana. Y sólo el paso de la demostración a la apropiación puede cambiar efectivamente las relaciones sociales y las perspectivas. La apropiación de las ciudades, de las mercancías, del tiempo de vida. Sólo la práctica cotidiana del sabotaje de los ritmos urbanos y productivos, sólo la práctica cotidiana del erotismo contra el trabajo y contra el miedo rompe los equilibrios de poder, abriendo perspectivas de autoorganización social. ¿Por qué esto no sucede?

Ésta es la pregunta -política, filosófica, antropológica- que debemos plantearnos. Para modificar en lo posible la situación, o al menos para entender, para no quedarnos como gatitos ciegos repitiendo letanías sin esperanza.

Mi respuesta se cifra en dos puntos que hay que profundizar en el plano teórico, y a continuación en el plano terapéutico y político:

El primer punto es la parálisis de la empatía social, una especie de parálisis de la afectividad, cuyas causas han de buscarse en la esfera de la comunicación social, de la producción virtualizada, en la esfera de la ideología competitiva y de la epidemia psicopática que de ésta se desprende.

El segundo punto es la aparición, en la semiconciencia colectiva, de una percepción de irreversibilidad.

Irreversibilidad es una palabra prohibida para la política, una especie de maldición paralizante de la voluntad. Que yo sepa, no hay hasta ahora ningún trabajo teórico sobre el tema de la irreversibilidad. En épocas pasadas, podían producirse laceraciones devastadoras, masacres espantosas, violencias inenarrables, pero ningún proceso ha tenido nunca un carácter de irreversibilidad (salvo, naturalmente, para el individuo y su entorno más inmediato). El planeta físico, el bios, la corporeidad, el psiquismo colectivo, nunca se han visto atacados por procesos de tipo degenerativo, por procesos capaces de atacar, no al organismo individual, sino a su genoma. Por el contrario, esto es lo que ha ocurrido en el último periodo de la historia del capitalismo, que comienza a producir efectos no biodegradables.

No es reversible la devastación medioambiental, que se ha acumulado hasta poner en marcha procesos de degeneración de la atmósfera, del agua y del medio ambiente urbano.

No es reversible la devastación que se ha producido en el psiquismo colectivo a causa de la mediatización de la comunicación social.

Y en particular, no son reversibles los efectos que la biotecnología es capaz de provocar en el genoma humano y, en general, en la generación de los organismo vivos.

El fascismo contemporáneo no es un fenómeno ideológico, sino psicótico. Por esta razón, creo que toda la discusión sobre violencia o no violencia está totalmente fuera de lugar. La violencia no puede ser la solución de nada, por la sencilla razón de que no hace sino reforzar el problema. Por otra parte, la voluntad política no puede hacer nada contra el despliegue de efectos que en lo sucesivo están inscritos en el cuerpo vivo del planeta y del género humano. No podemos oponernos políticamente a lo irreversible, de tal forma que lo irreversible es el hecho nuevo que se manifiesta en la historia presente, poshumana, de la que la guerra amenaza con convertirse en el sello definitivo.

La sustracción de los cuerpos es la única insurrección posible.

¿Cómo hacer posible la sustracción de los cuerpos?

El barón de Munchausen

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