Heller, Agnes – Teoría de las necesidades en Marx

Teoría de las necesidades en Marx

 

Agnes Heller

 

 

II. El concepto filosófico

general de necesidad.

Alienación de las necesidades

 

Marx desarrolla el concepto filosófico general de necesidad en los Manuscritos de economía y  filosofía  de  1844 y en La ideología alemana.  Por consiguiente, en la  posterior exposición nos referiremos preferentemente a  estas obras. Parte de los problemas no vuelven a aparecer en los escritos posteriores, o al menos no lo hacen  de forma sistemática; otros, sin embargo, se presentan  en las obras de madurez con interpretaciones modificadas en diversa medida. En nuestro trabajo consideramos  aquellas variaciones del pensamiento de Marx de que  tenemos evidencias suficientes (que se detectan particularmente en los Grundrisse.)  confrontándolas con elaboraciones precedentes.

 

La necesidad del hombre y el objeto de la necesidad  están en correlación.: la necesidad se refiere en todo momento a algún objeto material o a una actividad concreta. Los objetos «hacen existir» las necesidades y a la inversa las necesidades a los objetos. La necesidad y su objeto son «momentos», «lados» de un mismo conjunto. Si  en vez de analizar un  modelo estático analizamos la dinámica  de un «cuerpo social» (en el supuesto de que ese  «cuerpo social» admita una dinámica), entonces la primacía corresponde al momento de la producción.: es la  producción la que crea nuevas  necesidades. En efecto,  también la producción que crea nuevas necesidades se  encuentra en correlación con las ya presentes: «La diversa conformación de la vida material depende en cada  caso, naturalmente, de las necesidades ya desarrolladas,  y tanto la creación como la satisfacción de estas necesidades es de suyo un proceso histórico.»[1]

Naturalmente, por «objeto» de la necesidad no hay que  entender tan sólo objetualidad cosal. El mundo en su totalidad constituye un mundo objetivo, toda relación social, todo producto social es objetivación del hombre. Más  adelante Marx distinguirá entre objetivación (Objectivation.)y objetualización (Vergegenständlichung.),  pero ello  no implica modificaciones relevantes a nivel teórico de  la concepción de las necesidades. En el proceso de objetualización del hombre se expresan los sentidos humanos, y la relación humana objetualizada ya presente es la  que desarrolla en cada hombre, en la medida de lo posible,  sentidos y necesidades humanas: «… la objetualización de la esencia humana, tanto en sentido teórico  como en sentido práctico,  es, pues, necesaria tanto para  hacer  ‘humano’  el  ‘sentido’  del hombre como para crear  el  ‘sentido humano’ correspondiente a la riqueza plena de  la esencia humana y natural»[2]. El objeto más elevado de  la necesidad humana es el otro hombre.  En otras palabras: la medida en que el hombre como fin se ha convertido  en el más elevado objeto de necesidad para el otro  hombre determina el grado de humanización de las necesidades humanas.

 

También las necesidades animales se manifiestan siempre dirigidas a objetos. Sin embargo las necesidades animales y sus objetos vienen «dados» por la constitución  biológica  del animal. Pueden asimismo desarrollarse, pero  sólo respecto al modo.  Por el contrario, con el retroceso  de los límites naturales, las necesidades humanas se dirigen cada vez más claramente a la objetualización  (en el  sentido de actividad y también de objetivación). El hombre crea los objetos de su necesidad y al mismo tiempo  crea también los medios para satisfacerla (los cuales  pueden corresponderse, pero no incondicionadamente).  La génesis del hombre es en el fondo la génesis de las  necesidades.

 

La teoría de la «génesis», aquí formulada, se encuentra en dos párrafos próximos de La ideología alemana.:

«El primer hecho histórico es, por consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción  de estas necesidades [las animales – A. H.].»3 E inmediatamente después: «…y esta creación de necesidades nuevas constituye el primer hecho histórico». Ambas citas  expresan el mismo  pensamiento desde perspectivas diferentes. En la producción de los instrumentos aptos para  satisfacer necesidades elementales, la necesidad de los  instrumentos es ya una necesidad nueva  que se diferencia  de la animal. Mediante la expresión poética «primer hecho histórico» se describe, por consiguiente, la creación  de necesidades nuevas, no dadas en la constitución biológica, esto es, las cualidades de la necesidad.

 

La necesidad humana se realiza, así pues, en el proceso de objetualización; los objetos «dirigen» y «regulan»  al hombre en el desarrollo de las necesidades respectivas.  Las necesidades son «explicitadas» sobre todo en las objetivaciones y en el mundo objetualizado, y las actividades que se objetualizan crean nuevas necesidades. La  tendencia objetual de las necesidades indica también al  mismo tiempo su carácter activo.  Las necesidades comportan pasiones (Leidenschaften.)  y aptitudes (Fähigkeiten.)  (pasiones y capacidad para apoderarse del objeto) y  así también las aptitudes implican necesidades. La capacidad (Fähigkeit) para la actividad concreta es por consiguiente una de las mayores necesidades del hombre.  (Éste es el fundamento filosófico, luego tan determinante, de la concepción marxiana de la elevación del trabajo a «necesidad vital».)

 

En general denominamos  necesidad  solamente a la  propiamente humana referida a objetivaciones y dirigida  hacia ellas; en el animal se trata de necesidad (Bedarf.),  instinto,  drive,  etcétera. No obstante es este un problema  terminológico que en nuestra opinión solo es importante por resultar decisivo para el análisis de la psique socializada  (en el caso, por ejemplo, de aquello que -como las necesidades- guía los instintos, drives  humanos, y  más todavía, deseos, pasiones, nostalgias, dirigidos a objetos  particulares  de las necesidades). En el animal no es  posible distinguir de este, modo entre la «actitud hacia  los objetos» y el objeto particular de su drive.  La necesidad como exigencia, «creada» por las «objetualizaciones», dirigida a clases  de objetos cualitativamente distintas y el deseo individual orientado por esas necesidades  hacia determinaciones concretas de tales objetos  (donde la primera puede ser vista como relación de valor,  mientras que la segunda puede no serlo), están caracterizados por una íntima complejidad estructural. Por  consiguiente, la aplicación específicamente histórico-antropológica del concepto de necesidad parece por lo menos sensata; lo cual es válido no sólo respecto a necesidades o deseos perfectamente «libres» de motivos biológicos. La necesidad sexual dirigida hacia la madre desde  hace milenios se contrapone a las normas sociales que  regulan la sexualidad (y a la relación de valor inherente  a la necesidad); de otro modo no produciría ningún «complejo» (en el sentido psicológico de la palabra).[3]

 

El problema de la alienación de las necesidades constituye el núcleo del análisis filosófico de las necesidades  en Marx. También a este respecto, como hemos visto,  sirve de criterio valorativo el hombre «rico en necesidades». La alienación de las necesidades equivale a la alienación de esa riqueza.

 

De esta manera, el «hombre rico en necesidades» constituye una construcción conscientemente filosófica que  no se remite a hechos empíricos. No ha existido nunca  una sociedad en la que los miembros de una determinada  clase o capa estuviesen caracterizados por la «riqueza  de necesidades». El individuo de la sociedad antigua lo  era sólo en apariencia.: su riqueza era limitada,  era la riqueza de un hombre que todavía no se ha liberado del  cordón umbilical de la «comunidad natural». Es cierto  que esa época estaba caracterizada por la actuación de  sentidos «humanos» y «teóricos»; es también cierto que  dentro de esta estructura de necesidades predominaba la  calidad y no la cantidad[4]. Pero la estructura de la comunidad, que circunscribe la expansión ilimitada de la producción, no sólo determina la «limitación» de la versatilidad del individuo, sino que hace efímero y «reversible»  el período histórico de la universalidad (de las necesidades ricas) -que en efecto, decae en el desarrollo histórico  posterior.

 

Además, las necesidades están «repartidas» cualitativamente dentro de la división del trabajo de las sociedades basadas en «comunidades naturales». El siervo de la  gleba tenía necesidades cualitativamente distintas de las  propias del propietario terrateniente, no porque no pudiese «adquirir» los objetos de sus necesidades, sino a  causa de que éstos eran «naturalmente.»  (en el sentido  del carácter natural de la vida de la comunidad) diferentes desde el punto de vista cualitativo. Ya por este motivo las necesidades debían permanecer unilaterales y limitadas,  no  podían  individualizarse  y quedaban subordinadas todas ellas a la estructura de la comunidad. «Los goces  de todos los estamentos y clases precedentes,  en suma,  tenían que ser o infantiles o agotadores y brutales, porque siempre estaban divorciados de la actividad vital  conjunta, del verdadero contenido de la vida del individuo, y por ello se reducían más o menos, a que se adjudicara un contenido aparente a una actividad huera y  baladí» El individuo «rico en necesidades», como tipo  socialmente característico, es, por consiguiente, una construcción filosófica no actual, sino que debe  realizarse  en  el futuro.:  «Ni objetiva ni subjetivamente existe la naturaleza inmediatamente ante el ser ‘humano’  en forma adecuada.»

 

Sostuvimos que el concepto de hombre «rico en necesidades», según la intención de Marx, constituye una  construcción filosófica pura sólo en parte. Marx pretende  en todo momento basarla en hechos empíricos particularmente significativos y a tal propósito se sirve del concepto de «esencia humana». La esencia humana (la riqueza del hombre), cuyos conceptos constitutivos son universalidad, consciencia, socialidad, objetivación y libertad, se configura en sus características dinámicas cuando  el ser humano se eleva a «hombre». Lo que diferencia al  hombre como ser social del mundo animal son las posibilidades de la especie en sí.  En el curso de su proceso  de desarrollo la humanidad no puede realizar más que  aquellas posibilidades conformes al género. En las sociedades divididas en clases ese «ser conforme a la especie»  se desarrolla más allá de los antagonismos. Los hombres  desarrollan sus cualidades conforme a la especie (al menos hasta un cierto grado) en el plano social, pero los individuos particulares no participan de la riqueza del conjunto social. Mientras que el individuo, debido a la división del trabajo, permanece pobre (en el sentido más amplio de la palabra), se produce un enriquecimiento paralelo del género. Merced al grado actual de ese enriquecimiento, esto es, con el capitalismo, se alcanza el ápice del  empobrecimiento individual. Con la superación de la alienación (superación de la propiedad privada y de la subsunción bajo la división del trabajo) todo  individuo podrá  participar de la riqueza social (tanto respecto del disfrute de ella como en lo referente a la actividad) que asume  de ese modo una forma nueva y superior. Sólo entonces el hombre se convertirá en un ser conforme al género para sí, sólo así la naturaleza «interna» y «externa» resultará adecuada a la esencia humana.

Una forma de alienación típica de las sociedades clasistas es, según Marx, la religión. En ella y en su máximo  objeto, «Dios», las fuerzas esenciales del hombre se manifiestan como fuerzas extrañas que lo dominan. En la  necesidad religiosa se expresa, por consiguiente, la alienación (enajenación del objeto y de la necesidad humana.).  La familia terrena nos da la clave para la Sagrada Familia. La alienación y la necesidad religiosas sólo desaparecerán cuando la humanidad haya superado la alienación en este mundo «terrenal». Al simple ateísmo (tentativa de vencer una forma de enajenación sustituyéndola  por otra) se debe, en consecuencia, contraponer el comunismo, movimiento que elimina la discrepancia entre  el género humano y el particular, entre esencia y ser en  general  y con ello supera la necesidad religiosa como tal  necesidad.  En la acepción marxiana la alienación no constituye una especie de distorsión radical de la esencia del  género o de la naturaleza humana; la esencia del hombre  se desarrolla en el seno de la alienación misma y ella establece la posibilidad para la realización del hombre «rico  en necesidades». La exposición de Marx alcanza tonos apasionantes cuando describe los momentos de universalización y enriquecimiento propios de la sociedad capitalista. Los textos relativos a ello son en general conocidos;  citaremos aquí únicamente un breve fragmento: «… el  desarrollo al máximo de las ciencias naturales; igualmente el descubrimiento, creación y satisfacción de nuevas  necesidades procedentes de la sociedad misma; el cultivo de todas las propiedades del hombre social y la producción del mismo como un individuo cuyas necesidades se hayan desarrollado lo más posible, por tener numerosas cualidades y relaciones; su producción como  producto social lo más pleno y universal que sea posible (…) constituye así mismo una condición de la producción fundada en el capital». Pero el capitalismo no  produce tan sólo necesidades y capacidades (sociales) nuevas: extendiendo la relación de las mercancías, consigue  hacer del dinero la «encarnación» cuantitativa de la riqueza social.  Las necesidades no son ahora repartidas en  razón de la división «natural» del trabajo de acuerdo con  sus cualidades; ningún miembro de la sociedad queda excluido  por principio de la satisfacción de las necesidades,  sean del tipo que fueren (basta con adquirir los objetos  correspondientes).

 

Pero al mismo tiempo el capitalismo como relación  social limita el enriquecimiento de las necesidades, su  misma creación. Lo cual, de acuerdo con Marx, se efectúa de dos maneras. Ya sea reproduciendo la pobreza (particularmente para el proletariado incluso strictu sensu,  y para la burguesía en el sentido filosófico de la palabra),  ya sea porque limita en última instancia el desarrollo de  las fuerzas productivas (por una parte de conformidad  con la ley de la caída de la tasa de beneficio, por otra,  a causa de las crisis que se repiten necesariamente), bien  sea a consecuencia del proceso de degradación de la principal fuerza productiva: el trabajador.

 

No es casual que Marx enfatice vigorosamente el hecho de que el capitalismo produce necesidades «múltiples y ricas», mientras que provoca el empobrecimiento  de los hombres y convierte al trabajador en un ser «exento de necesidades». Aparece aquí el tema de las «necesidades radicales», el cual, como veremos, constituye por  así decir el leitmotiv  de la «obra» marxiana. El «hombre rico en necesidades» es un concepto de tipo filosófico  y la «esencia humana», aunque basada también empíricamente, constituye «sólo» (y «sólo» no viene entendido  aquí en sentido peyorativo) una categoría de valor. Sin  embargo, si la exigencia de realizar la «esencia del género», o si la idea de un futuro hombre «rico en necesidades» hubiese surgido únicamente en el pensamiento del  «filósofo privado o crítico privado» Karl Marx. ¿Quién destruiría el capitalismo y por qué? ¿Quién no sólo lo haría caer, sino además lo trascendería en la dirección que  Marx había planteado, aunque el propio Marx haya rechazado siempre la expresión «ideal a realizar»? La teoría que penetra en las masas se convierte en una fuerza  material, pero sólo cuando las necesidades son tales como  para sostenerla.  La alienación traducida al grado máximo debe producir la necesidad de trascenderla, la necesidad de la riqueza y de la realización de la «esencia de  la especie». Es la máxima paradoja de la teoría de la alienación de Marx, una paradoja que -esperamos- pueda expresar posibilidades reales.


[1] MARX,  La ideología alemana,  ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1968, p. 83.

 

 

[3] En este caso los objetos de la necesidad (por consiguiente  las necesidades mismas) se explicitan social o individualmente (si  están interiorizados) a través del impulso biológico, que cumple  la función de universal  (por ejemplo, se trata de drives  sexuales  o de autoconservación).

[4] En El Capital Marx subraya, refiriéndose tanto a Platón  como a Aristóteles, la superioridad a este respecto de los pensadores antiguos en comparación con los ideólogos de la sociedad  burguesa. Observa luego irónicamente cómo la expropiación que  ha originado los poetas trágicos y los filósofos griegos debe ser  juzgada de un modo distinto de la que ha producido únicamente  magnates textiles.

 

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