Simondon – La individuacion (fragmentos)

La vida estaría pues condicionada por la recurrencia de causalidad gracias a la cual un proceso de integración y un proceso de diferen­ciación pueden acoplarse aun cuando se mantienen distintos en sus estructuras. De este modo, la vida no es una sustancia distinta de la materia; supone procesos de integración y de diferenciación que no pueden de ninguna manera estar dados por otra cosa que no sean es­tructuras físicas

La base de la unidad y de la identidad afectiva está por tanto en la polaridad afectiva gracias a la cual puede haber allí relación entre lo uno y lo múltiple, entre la diferenciación y la integración.

 —

Del mismo modo se comprendería a través de esto que la afecti­vidad sea la única función capaz, gracias a su aspecto relacional, de dar un sentido a la negatividad: la nada de acción, como la nada de conocimiento, son inaprensibles sin un contexto positivo en el cual intervienen como una limitación o una pura falta; en cambio, para la afectividad, la nada puede definirse como lo contrario de otra cualidad;

la nada posee un sentido en la afectividad, porque en ella dos dinamismos se enfrentan a cada instante; la relación de la integración con la diferenciación se constituye allí como el conflicto bipolar en el cual las fuerzas se intercambian y se equilibran. Es gracias a esta orien­tación del ser en relación consigo mismo, a esta polarización afectiva de todo contenido y de todo constituyente psíquico, que el ser conserva su identidad.

La afectividad realiza un tipo de relación que, en términos de acción, sería conflicto, y en términos de conocimiento, incompatibilidad; esta relación sólo puede existir al nivel de la afectividad, porque su bipolaridad le permite producir la unidad de lo heterogéneo;

El tipo fundamental de transducción vital es la serie tempo­ral, a la vez integradora y diferenciante; la identidad del ser viviente está hecha de su temporalidad. Se cometería un error al concebir la temporalidad como pura diferenciación, como necesidad de elección permanente y siempre recomenzada; la vida individual es diferenciación en la medida en que es integración; existe aquí una relación comple­mentaria que no puede perder uno de sus dos términos sin dejar de existir ella misma

la vida psíquica no es por tanto ni una solicitación ni una reorganización superior de las funciones vitales, que continúan existiendo bajo ella y con ella, sino una nueva inmersión en la realidad preindividual, segui­da de una individuación más primitiva. Entre la vida de lo viviente y el psiquismo existe el intervalo de una nueva individuación; lo vital no es una materia para lo psíquico; no es necesariamente retomado y reasumido por el psiquismo, pues lo vital posee ya su organización, y el psiquismo no puede hacer apenas otra cosa que desordenarlo al intentar intervenir en él. Un psiquismo que intenta constituirse asumiendo lo vital y tomándolo por materia a fin de darle forma sólo desemboca en malformaciones y en una ilusión de funcionamiento.

De hecho, el verdadero psiquismo aparece cuando las funciones vitales ya no pueden resolver los problemas planteados a lo viviente, cuando esta estructura triádica de las funciones perceptivas, activas y afectivas ya no es utilizable.

Uno no debe asombrarse de encontrar en la base de la vida psíquica motivaciones puramente vitales: pero se debe notar que ellas existen a título de problemas y no como fuerzas determinantes, o directrices; no ejercen pues un determinismo constructivo sobre la vida psíquica que llaman a la existencia; la provocan pero no la condicionan positivamente. El psiquismo aparece como una nueva capa de individuación del ser, que tiene por correlato, en el ser, una incompatibilidad y una sobre­saturación ralentizante de los dinamismos vitales, y fuera del ser en tanto individuo limitado, un recurso a una nueva carga de realidad preindividual capaz de aportar al ser una nueva realidad; lo viviente se individúa más precozmente, y no puede individuarse siendo su propia materia, como la larva que se metamorfosea al nutrirse de sí misma; el psiquismo expresa lo vital y, correlativamente, una cierta carga de realidad preindividual.

si se llama individuo al organismo viviente, lo psíquico desemboca en un orden de realidad transindivi­dual; en efecto, la realidad preindividual asociada a los organismos vivientes individuados no está recortada como ellos y no recibe límites comparables a los de los individuos vivientes separados; cuando esta realidad es captada en una nueva individuación comenzada por lo viviente, conserva una relación de participación que vuelve a ligar cada ser psíquico con los demás seres psíquicos; el psiquismo es lo transindividual naciente;

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *